Pep Guardiola se echó a llorar mientras recorría la cancha de Wembley abrazando a sus jugadores. A punto de cerrar su octava temporada en Inglaterra, acababa de ganar su segunda Copa al frente de la mejor versión de su Manchester City, esta vez coronado por Erling Haaland. El goleador más espléndido del mundo no marcó en la final, pero ha dotado al equipo de una dimensión nueva en la que resultan más desequilibrantes que nunca los mediapuntas volantes como De Bruyne, Bernardo Silva y Gündogan. El alemán fue el autor de los dos tantos de su equipo. El primero con la derecha, el segundo con la izquierda, ambos de media volea desde la frontal del área. Dos bolas de demolición para el Manchester United, que se quedó sin respuestas suficientes para remontar el duelo ante un vecino que adquiere dimensión de gigante.

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