Yo diría que la nuestra fue una amistad verdadera. Cuando nos conocimos, ambos tendríamos veintipocos y nos apetecía lo mismo: conocer gente, disfrutar de la amistad y los primeros ligues, salir, ver mundo… Fueron pocos meses, desde finales de 1990 hasta el verano de 1991, pero muy intensos y los recordaré para siempre. Es todo un orgullo contar que un día fui casi como un hermano para un futbolista del equipo que animé desde siempre, la Real Sociedad.

