El Real Madrid volvió a dar el cante de manera inesperada. Cuando su gente pensaba que el equipo había alcanzado la solidez, después del parón y en vísperas de la Champions, demostró que su hambre de Liga era muy inferior a la agonía del Mallorca, que se quedó con los puntos con un trabajo enorme y el gol de la redención para Muriqi. Dio un paso de gigante para su salvación y a la vez puso el título en bandeja al Barcelona. No estuvo Fede Valverde, cierto, el mejor de las últimas semanas, pero sí estuvo Mbappé, que generó varias y se estrelló siempre en Leo Román. Lo peor es que el equipo de Arbeloa, que amagó con remontar como en los viejos tiempos, volvió a entregarse como en Pamplona y tiró a la basura todo su progreso de las últimas semanas para convertir lo que queda de Liga en un vía crucis. Y viene el Bayern. Veremos si este Madrid es capaz de transformarse en Champions como hizo ante el City. Es un equipo imprevisible.
La jornada · sábado, 4 de abril de 2026
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