El pasado 12 de febrero un grupo de futbolistas del Málaga CF se encaró con su afición en las gradas del municipal Carlos Belmonte, en Albacete. Tras perder su enésimo partido de la temporada no paraban de recibir insultos. En jaleo, pero con cara de circunstancias, otros jugadores pedían perdón por la derrota, una más en una nefasta racha deportiva. Fueron apenas unos segundos, pero sirvieron para describir la tensión que vive un club que acaba de cumplir tres años bajo las órdenes de un administrador judicial. Con aspiración de retornar a Primera tras fichajes como los de Rubén Castro o Fran Sol, los goles no llegan. El nerviosismo cunde ante el abismo de un posible descenso de categoría, desgracia que en los pasillos nadie quiere ni mencionar y que Sergio Pellicer, tercer entrenador de la temporada, quiere evitar. Mientras, el propietario y presidente, el jeque Abdullah bin Nasser Al Thani, que vive en Qatar, está apartado del cargo por la justicia e investigado por los presuntos delitos de administración desleal y apropiación indebida.

