El Real Madrid acabó sufriendo por su propia suficiencia después de trabajar bien en Talavera. Jugó Mbappé, y fue decisivo, como siempre. No jugó Courtois, pero Lunin, su sustituto, cumplió con la misión y salvó en tiempo extra un cabezazo con sello de empate. Castigo a un Madrid que dio por hecha la victoria antes de tiempo ante un Talavera indomable, capaz de hacer aflorar los defectos de un Madrid con tendencia a la pereza y a la desconexión. El 1-2 y el 2-3, con Rodrygo, Tchouaméni y Bellingham en el campo, devuelven a Xabi Alonso a una posición delicada.

