Nada que ver con lo que se le vio al Madrid en los últimos partidos. Nada de nada. Cierto es que lo perdió nada más empezar, con dos regalos infantiles, el primero de Asencio y el segundo de Rüdiger, que pusieron el 2-0 en el marcador y el partido imposible. Demasiada ventaja para todo un campeón de Europa. A partir de ese momento el Madrid se descompuso, probablemente al tener la certeza de que enfrente no tenía un rival de segundo pelo, sino a un campeón. El caso es que el Madrid tiró la toalla y el PSG jugó a placer. ¿Qué habría sucedido de no regalar el Madrid esos dos goles? Nunca lo sabremos ya. Sea como fuere, quizá porque el Madrid decidió irse del partido, el caso es que nada funcionó. Se echó de menos incluso a Trent, que tampoco había hecho nada del otro mundo (bueno, dio dos goles) y, sobre todo, se echó de menos a Huijsen.

