El Real Madrid aguanta el ritmo demoledor del Barça, a pesar de los pesares. Sin Vinicius ni Bellingham, sacó adelante un partido complejo con un gol Álvaro Carreras, insistente y acertado en una jugada que no parecía esconder nada. El gallego, ausente ante el Rayo, reivindicó el oficio de lateral, defensor y atacante, en un equipo más equilibrado, sin exagerar. Suficiente para abatir al Valencia de Corberán que cierra una semana terrible, derrotas en Copa y Liga, cerca del descenso, que se fue entre pañuelos de su hinchada. Mbappé, inevitable, cerró la función para establecer la diferencia entre un equipo que pelea por el título y otro que lucha por sobrevivir. Mucha diferencia. 

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