Dijo <strong>Medina Cantalejo</strong> en verano que en esta temporada no se iban a pitar <strong>»penaltitos»</strong>. Esta tarde en La Cerámica se han pitado dos, y no es la primera vez que pasa, ni será lamentablemente, la última. Las manos, un concepto simple que antes se dividía en <strong>voluntarias e involuntarias</strong>, se han perdido bajo las toneladas de <strong>documentos, memorandos, informes técnicos y manuales de instrucciones</strong> que los responsables de la cosa, que de alguna manera han de justificar empleos, sueldos y dietas, airean al respecto, quizá con la única intención de mantenernos entretenidos. Es lo que <strong>Pérez-Reverte</strong> llama «dar de comer a los patos», que en contexto futbolístico es la versión del dedo y la luna pasada por la turmis letal del VAR.

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