A finales de mayo de 2018, varios amigos del barrio malagueño de El Palo recibieron un chivatazo sobre el resultado del partido Huesca-Nàstic que se iba a jugar. Apostaron y ganaron como nadie en España. La Policía Nacional tiró del hilo de aquel golpe de suerte con trampa y el asunto terminó, bajo el nombre de operación Oikos, sobre la mesa de Ángel de Pedro, titular del Juzgado de Instrucción 5 de Huesca, que un año después ordenó la detención de una decena de personas como parte de una supuesta red de amaño de partidos. El juez, a quien apenas le interesaba el fútbol, se vio enredado en una compleja causa en la que llegó a tener imputadas a más de medio centenar de personas. Después de tres años, De Pedro abandonó el pasado 14 de septiembre el juzgado y, con él, el caso Oikos. En este caso, con un auto que puede leerse como un legado para la magistrada que le sucede en el que detalla todo lo que ha aprendido estos meses sobre amaños y le avisa de la extraordinaria dificultad que entraña la persecución de la corrupción en el deporte, incluso cuando todo apunta a que existió.

