El 5 de julio de 1951, el diario L’Equipe dedicaba el titular principal de su portada al intento de un debutante en la carrera francesa, de dinamitar la primera etapa: “Hugo Koblet, bello como un dios, da el primer golpe, pero…” Los puntos suspensivos hablan de que su intento no prosperó, pero lo llamativo es la apelación a su aspecto físico. Para entonces ya se había extendido la fama de su elegancia, de su educación, de su clase sobre la bicicleta. En 1950 había sido el primer ciclista extranjero que ganó el Giro de Italia, y empezó a convertirse en un fenómeno.

