Casi nadie esperaba a los Jazz arriba en el Oeste, ni siquiera tras las dos primeras semanas de NBA. Sus buenos resultados han pillado por sorpresa y sus fabulosas sensaciones, más. En el fondo, el cambio de ciclo parecía rotundo en verano, cuando salieron de la franquicia tanto su referente en el banquillo (Quin Snyder) como sus pilares sobre la pista (Donovan Mitchell y Rudy Gobert). Los tres habían comandado el proyecto los últimos cinco años. A cambio, Utah recibía un buen puñado de jugadores con algún asterisco y mucho por demostrar. Y, sobre todo, una abundante inyección de futuro en forma de primeras rondas de draft (hasta diez potenciales, siete aseguradas y otras tres opciones de intercambio) de Cavs y Wolves. Pensar en el porvenir parecía el plan principal. Pero, de momento, celebrando el presente, ese futuro puede esperar.

