A esta opinión le podía acompañar el célebre vídeo de la película con el título que arriba se indica, donde <strong>Hitler </strong>abronca a su plana mayor en las postrimerías de la peor guerra conocida. Se han hecho memes de todos los colores, incluido evidentemente el fútbol. Bien podría colocarse a <strong>cualquiera de los 36.601 aficionados </strong>que acudieron ayer al <strong>Sánchez-Pizjuán</strong> desgranando todos y cada uno de los <strong>defectos del Sevilla</strong>, sin terminar de entender cómo no se le pusieron remedio cuando había tiempo y pocos dudaban que iban a dar la cara tarde o temprano. <strong>Preguntas al aire sin que nadie sepa responderlas</strong>. ¿Por qué no se firmó físico? ¿Y más centrales? ¿Y centrocampistas con ida y vuelta? ¿Por qué Dolberg por delante de RDT? Y así podríamos seguir los minutos que dura la conocida escena del búnker. <strong>Demasiado pronto se le ha visto al Sevilla el cartón</strong>. Y la situación comienza a ser <strong>dramática</strong>. Ni pasar por Turquía en enero podrá resolver el oscuro futuro. Como mucho una suerte de peluquín resultón para ir disimulando y huyendo de la quema. Si el tema de la alopecia vuelve a resonar en Nervión, será porque la mayoría de los principales protagonistas reflejan los focos en su cabeza. Hasta en un portero (Dmitrovic) que <strong>no conocía la derrota con el Sevilla</strong>. Todo dato positivo se agota en un club que <strong>hasta la derrota ante el Rayo vendía esperanzado </strong>en que el mal inicio era simplemente una especie de bache inicial, que con el cambio en el banquillo todo se iría resolviendo, que simplemente hacía falta tiempo. <strong>¿Tiempo? En serio, ¿tiempo?</strong> Conforme le caen los meses a este Sevilla, sin que se le pueda meter mínimamente mano, la situación global no mejora. Todo lo contrario. <strong>Este equipo está absolutamente exento de líderes que carguen con la responsabilidad de rescatar al Sevilla de su único y transparente objetivo: evitar el descenso</strong>. Después de 12 jornadas, un cambio de entrenador y numerosos ridículos como local, el Sevilla ha virado su objetivo vital. <strong>El más importante de las últimas dos décadas</strong>, desde que su culminase el último ascenso. <strong>No hay mayor enemigo de un equipo grande que pelear en el barro</strong>. No sabe. No quiere. No está preparado. Ni siquiera lo está una grada a la que la anestesia de la indiferencia comienza a hacerle efecto. O es que pensamos que <strong>Monchi pidió en la ¡jornada 3! unión </strong>porque pensaba que era sólo un bache. El Sevilla necesita diez victorias en 26 partidos de Liga. Y no tengo ni idea de dónde las va a sacar.

