La despedida a Rafa Nadal en el Martín Carpena de Málaga durante la Copa Davis nos dejó fríos. No estuvo a la altura de su figura, de una leyenda que dejó las pistas después de ganar 22 Grand Slams –14 de ellos sobre la tierra de Roland Garros– y dos oros olímpicos (Pekín 2008 y Río 2016, aquel último en dobles). Pero sobre todo de alguien que trascendió el mundo del deporte con su espíritu de lucha y sus valores. De alguien único e irrepetible. De alguien que hizo posible lo imposible una y otra vez. Ha sido (y sigue siendo) la fuente de inspiración de muchos deportistas en momentos de flaqueza, pero también de gente ajena al tenis y al deporte. Su fortaleza mental, pese a los dolores y a las lesiones, siempre estuvo por encima. Su humildad y humanidad, también.

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