Marco Aurelio y Trajano forman parte de lo que se conoce como los Cinco Emperadores Buenos, una acepción que tiene su origen en la inquieta mente de Nicolás Maquiavelo: «No tenían necesidad de cohortes pretorianas ni de innumerables legiones para protegerlos, sino que estaban defendidos por su propia buena vida, la buena voluntad de sus súbditos y el apego del Senado».

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