José Ángel Romero es el tipo de aficionado que cualquier club de fútbol desea. A sus 31 años, lleva más de media vida como abonado del Málaga CF. Acude religiosamente cada dos semanas a La Rosaleda, al final del Paseo de los Martiricos, hogar del equipo de su vida. Recuerda con precisión milimétrica los momentos más importantes de la historia blanquiazul. Y también los más duros. Ha viajado innumerables veces junto a su padre, Ángel, que lleva más de 50 años formando parte de la afición boquerona y es el responsable de transmitirle la pasión. Romero también ha arrastrado a su novia, Nieves Navarro, de 32 años, desde su Salamanca natal a la ciudad de la Costa del Sol, sumando una voz más a las gradas malaguistas. Hasta aquí parece una historia que no se diferencia demasiado de la de miles de aficionados. Lo peculiar empieza ahora. Dos días a la semana, los martes y los jueves, cuando acaba su turno en una fábrica donde trabaja como operario de sistemas de climatización, Romero se enfunda su chándal oficial y se dirige hacia unos campos de entrenamiento a apenas 10 minutos de La Rosaleda. Allí se ejercita el conjunto que más feliz es jugando al fútbol, el Fundación Málaga CF de LaLiga Genuine Santander, la competición que arranca este fin de semana la campaña 2022/2023.Este viernes comienza la quinta edición en el Nou Estadi Costa Daurada de Tarragona con 44 equipos, el mayor número de participantes hasta ahora.

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