Cuando el Tour llegó a Barcelona en 1965 pocos tenían tele y menos podían ver la transmisión. La carrera era un espectáculo de acera del Paral.lel, la llegada solo y victorioso de Pérez Francés a su barrio y los niños del Poble Sec, y Serrat con ellos, gozándola y emocionándose con el ruido y tanto barullo de la caravana publicitaria y la belleza de los maillots de seda y las bicis de acero. Cuando, 58 años más tarde, otros días de gran ciclismo regresen a Barcelona, dos días de bicis, 26 y 27 de agosto, sábado y domingo, de 2023 con la gran salida de la Vuelta, la carrera ya no será más un espectáculo de acera, sino de televisión, de monumentos a vista de pájaro y de equipos disputando el sábado una contrarreloj conjunta a través de los lugares llamados emblemáticos y sus calles, pero no por el Paral.lel, y el domingo, como siempre que hay ciclismo en Barcelona, la inevitable subida a Montjuïc y a su circuito y final ante el Estadi Olímpic, como en los otoños de la Subida a Montjuïc y las primaveras de la Volta y la Setmana. La Vuelta es un gran show, y la nostalgia, una lagrimita.

