Se arrodilla Novak Djokovic y hace el avión, lanza corazones hacia las tribunas. Ya ha rendido a Nick Kyrgios en una final que primero ha tenido que enderezar y que luego ha resuelto con el piloto automático: 4-6, 6-3, 6-4 y 7-6(3) (en 3h 01m). Es la séptima vez que conquista Wimbledon, la cuarta sucesiva, y atrapa así al tenista que tanto le inspiró, Pete Sampras, y también la referencia antigua de William Renshaw. Es un hombre feliz. Acaba de alzar su 21º grande y después del turbulento inicio de año en Australia se reengancha a la gran carrera histórica, en la que Roger Federer queda un metro por detrás y Rafael Nadal está ahora a uno por delante.

