Más allá del efecto psicológico que pudo tener para su liberación y vuelta a la normalidad, el tanto de Julián Alvarez en Stuttgart también supone una bendición para Simeone, pues el Atlético que construye, además de tocar las veces que sean necesarias hasta llegar al marco contrario, evidencia que no tiene dependencia alguna ni de su estrella atacante ni de un Sorloth aún por estrenarse. Todo lo contrario, el gol es una tarea grupal, como prueban los 12 futbolistas que se reparten las 23 dianas celebradas por los rojiblancos.

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