El 4-0 ante el Villarreal lucía en el marcador durante la pausa de hidratación el pasado 24 de agosto. Míchel, desanimado, apenas dio instrucciones a sus futbolistas en aquel parón. El equipo terminaría encajando un gol más, firmando una nueva derrota en la segunda jornada que lo dejó colista, con el casillero de puntos en blanco. Aquella derrota en la Cerámica se estableció como símbolo de la crisis de un Girona completamente descompuesto. Hoy, la situación es muy distinta. El lunes, el Girona venció al mismo contrincante, al Villarreal (1-0). Y Míchel sintetizó la evolución del club tras el partido: “Éramos un equipo roto, ahora somos una familia”.

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