El Giro se despidió de la Toscana para adentrarse en la costa de Liguria, el abrupto paraíso de las Cinque Terre. Allí, entre paisajes que cautivan los sentidos, se desató una jornada de ciclismo vibrante: un festival de ataques, fugas y montaña con la esencia pura de las grandes clásicas italianas que coronó a Jonathan Narváez. El ecuatoriano cerró el tercer triunfo ante un un gran Enric Mas que demostró que sabe jugar para ganar.

