La selección femenina regresó del Mundial de Francia 2019, donde accedió por primera vez en su historia a los octavos de final y apretó de lo lindo a la inabordable Estados Unidos, convencida de que, ahora sí que sí, era el momento en España del fútbol practicado por mujeres. Había captado la atención del público, recibió el favor de los medios y las autoridades públicas no querían desaprovechar la oportunidad para empujar lo que fuera necesario a este nuevo mundo y convertirlo en una bandera social. El fútbol, identificado desde el origen con “lo masculino”, era ya también de ellas. Tres años después y camino de otra Copa del Mundo, la lista de avances presentada a granel es amplia; sin embargo, el conflicto permanente que acompaña cada paso que da, o intenta dar, este universo ha terminado dejando una sensación general de “sí, pero…”, de progresos que no se rentabilizan al máximo. Y ahora este motín en la selección quizás suponga un retroceso neto.

