No hace falta ir a un estadio para comprobar que la sinrazón puede ponerse al mando y manejar los hilos del mundo. Basta con ir a las páginas de las noticias internacionales. Pero el fútbol es una representación en donde ocurren más cosas que el apasionante o aburrido ir y venir del balón. Es un simulacro de la vida que exagera las chapuzas. De hecho, no es el sitio mejor para hacer avanzar los ideales más altos. Porque cuando la pasión toma el mando no repara en la ética. Porque es un ámbito en donde la astucia siempre tuvo prestigio. Porque nos ponemos arbitrarios cuando toca defender la tribu a la que pertenecemos.

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