Lleva tantos años Rafa Nadal jugando la final de Roland Garros que le ha aparecido, en medio del calor de junio en la tierra batida, hasta un noruego. Como cuando un guionista, después de trece temporadas de éxito, ya pasa de todo. El primer noruego que se mete en los diez mejores tenistas del mundo, y además un noruego especialista en superficie lenta. Todo empieza a cuadrar cuando se sabe que Casper Ruud se está formando en la Academia Rafa Nadal de Mallorca y tiene al tenista español como ídolo. O sea que el guionista es el propio Nadal, y su dominio llega a tal punto que, en cuanto han crecido y están aún tiernos, ha empezado a devorar a sus propios hijos. La carrera antológica del tenista más grande del planeta se está alargando tanto que empieza a tomar tintes dramáticos. Cualquier año acaba desalojando la central de Roland Garros a bolazos contra el público como Danaerys de la Tormenta subida a su dragón. ¿Qué más queda hacer aquí?

