Jordi Basté telefoneó a Pep Guardiola cada noche durante los Juegos de Barcelona 1992 desde el IBC de Montjuïc. El periodista de Catalunya Ràdio comunicaba un poco antes de que empezara su programa Al final de la jornada olímpica con la habitación que el jugador del Barça compartía con su compañero Chapi Ferrer en la concentración de la selección española en NH de Valencia. La llamada era breve, tenía lo “absurdo de la obligatoriedad por superstición” -confesión del propio Basté- y servía para que ambos comentaran a diario la jornada olímpica que se concentraba muy lejos de la ciudad en la que se recluyó el equipo de fútbol después de que ya hubiera estado encerrado en Cervera del Pisuerga.

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