Contra viento y marea, Casper Ruud. Viaja el tenis moderno a toda pastilla y en medio de ese centelleante paisaje y del vértigo asoma por ahí a contracorriente el noruego, un jugador de perfil clásico y académico, hoy día distinto a los demás. Va por otro carril el nórdico. No es el más mediático ni el más espectacular, ni mucho menos protagonista de los higlights que circulan por los móviles del joven aficionado, pero su juego es de máximo pedigrí. Ruud es muy bueno, y a su propuesta antagónica –incluso rebelde, en estos tiempos de velocidad– le ha aportado esta temporada una fabulosa eficacia.

