«¡Plaaaacide!». Han pasado 18 años, pero el grito sigue resonando en la memoria de toda una generación de aficionados mexicanos. Para muchos, Johny Placide siempre será aquel portero al que Christian Martinoli convirtió en leyenda involuntaria a fuerza de repetir su apellido una y otra vez durante una noche de desesperación, mientras México perseguía los goles que necesitaba para mantenerse con vida rumbo a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Después de aquellas paradas que precipitaron la caída de Hugo Sánchez en el banquillo del Tri, el veterano capitán afronta el mayor reto de su carrera en el que deberá transformarse otra vez en «el único haitiano en el área» frente a Brasil.

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