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El F50 español sufre en la Bahía de San Francisco en la gran final de los barcos que vuelan

Fuente: El País Original en elpais.com

Suena en la orilla Rosalía, esa canción de las rimas en -ura, sabrosura, sepultura, los pelícanos pardos ahuyentan a las gaviotas y ni los leones marinos famosos se atreven a acercarse para disgusto de turistas como cámaras ready. Aunque llegues sin flores en el pelo en San Francisco te espera un Tesla en el aeropuerto y entre el Golden Gate y la isla de Alcatraz, macarras con barcos que parecen rascacielos derrapan a 80 por hora sobre dos finos foils a dos metros sobre el mar como motoristas tipo Marc Márquez con un camión gigantesco, un tráiler, ciñéndose a las boyas que flotan en las aguas de corrientes traicioneras y color verde de la Bahía, donde sopla el viento, para regocijo infantil de la afición en las gradas, 10 dólares una lata de cerveza; 15, una hamburguesa de plástico; a su espalda, los toboganes de la ciudad empinados por los que trepan tranvías viejos. Bienvenidos a la gran final de SailGP, donde los mejores regatistas se sueltan el pelo.