¿Cómo se mide la frustración acumulada de una sociedad? Argentina tal vez haya encontrado la respuesta. Solo así se entiende que millones (decir “millones” da un poco de vértigo) de personas se hayan sumado a un extraordinario movimiento de catarsis colectiva como el de este martes para recibir a la selección campeona en Qatar. Buenos Aires está viviendo el mayor evento de movilización popular de su historia, y eso es mucho decir en un país que ha forjado su identidad política en la calle. El peronismo es hijo de esa construcción, y aún así no ha logrado jamás lo que Lionel Messi y el resto de los jugadores de la Albiceleste consiguieron cuando vencieron a Francia el pasado domingo en el estadio Lusail y cruzaron el Atlántico con el trofeo dorado. Buenos Aires ha colapsado de gente necesitada de buenas noticias, de días de fiesta, de fe en el futuro (todos lugares comunes), un remedio contra el “Argentina es una mierda” que tanto la aflige. Por un día, los argentinos se sienten, como tantas otras veces, el centro del mundo.

