<strong>No había estadísticas. Los regates de Amancio Amaro los contaban los ojos.</strong> El gallego encaraba, hacía flotar <strong>la pierna derecha, la hacía bailotear sin tocar el balón en unos segundos</strong> en los que se caían las pipas, y a continuación inventaba un regate. Era un puente aéreo entre Río de Janeiro, Galicia y Madrid

