Carlos Purroy fue un defensa central singular. Disputó en los ochenta 119 partidos en LaLiga Santander en el Athletic Club y el CA Osasuna. Jugar en el norte en aquella época garantizaba acabar los partidos embarrado hasta las cejas. Había que ser “bravo porque nos enfrentábamos a gente aún más brava”, recuerda ahora. Lo que sus rivales no sabían es que ese corajudo defensor era un escultor en ciernes que compaginaba su carrera deportiva con una formación artística que cada vez le iba ocupando más tiempo. Hasta que a los 32 años cambió las botas por el cincel y el martillo. Hoy, una obra suya, una escultura de acero de seis toneladas, un brazo que sujeta el escudo del club, se levanta a las puertas de El Sadar. La llamó Sentimiento y es la forma en la que un futbolista-escultor da las gracias a la afición que le apoyó.

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