Enric Mas llevaba media vida pedaleando detrás de alguien que los demás habían imaginado por él. El sucesor de Alberto Contador. El líder del ciclismo español. El hombre destinado a ganar una gran vuelta. El corredor al que se le pedía atacar más, arriesgar más, hablar mejor, dejar de conformarse con otro podio, dejar de ser segundo. Durante años, su nombre se conjugó casi siempre en futuro o en condicional. Podría ganar. Debería ganar. Tendría que ganar. Granada acabó cambiando el tiempo verbal. Enric Mas ganó LaVuelta.

