Víctor Font es una de esas personas a las que siempre parecen salirles las cuentas, como si tuviesen un don natural o un procesador de última generación incrustado en el cerebro. Ese tipo de cosas se ven, si uno sabe dónde mirar. No es necesario escrutar la salud de sus negocios. Ni preguntar por la rentabilidad de sus inversiones. Basta con observarlo mientras se maneja con la carta de un restaurante, pidiendo entrantes y principales para todos mientras el camarero toma la comanda, visiblemente conforme con lo que escucha. “¿Así está bien?”, pregunta por pura educación. Y sin esperar confirmación apoya los codos sobre la mesa, cruza los dedos, tapándose parcialmente la boca, y deriva la charla a su tema favorito: el Barça.

