Desde que llegó al Madrid, Vinicius ha ocupado una posición en el campo y otra en la atmósfera madridista. Extremo, y de los buenos, su crecida es imparable. Es figura del equipo, al que coronó campeón de Europa con su gol en la final de París. Muy pocos jugadores en el mundo están tan bien perfilados como Vinicius para los tiempos que corren: excitante, expansivo, intrépido, contagioso y joven (22 años). Un animal telegénico además. Las cámaras le adoran. Si no existiera Vinicius, el negocio del fútbol soñaría con un jugador como él.

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