“Era como viajar con 12 estrellas de rock. O como juntar a Elvis y los Beatles”, recordaba en su día Chuck Daly, seleccionador estadounidense de baloncesto masculino durante los inolvidables Juegos Olímpicos de Barcelona (1992), sobre el impacto mediático del grupo humano que tenía a su disposición. Daly, lúcido como pocos, fue siempre consciente de que en sus manos no tenía solo a un equipo de baloncesto.

