Debía ser un momento de ilusión, pero Dejounte Murray sentía dolor y frustración. Era el verano de 2024 y los Hawks le habían traspasado a los Pelicans, un equipo prometedor en el que se sumaría a Zion Williamson y Brandon Ingram. El base de 29 años y 1,93 metros quizás pudiera recuperar el nivel que le hizo llegar al All Star de 2022 mientras jugaba en los Spurs. En la cancha, el panorama era esperanzador. Fuera de ella, desolador.

