El sentimiento de comunidad es uno de los vínculos más fuertes que produce el deporte. A lo largo de un partido, en mitad de una competición, somos capaces de apartar nuestras diferencias para apoyar sin reservas una misma causa. El equipo que te ha hecho vibrar desde pequeño, los colores que hicieron felices a tus padres, el resultado que detiene a todo tu entorno. En la victoria o en la derrota, aunque sea momentáneamente, es un hechizo que nos une a muchos.

