La temporada de Ter Stegen ha sido dura. Extraña. Difícil. Empezó con su negativa a cambiar de aires en el mercado de verano; le siguió un fuerte pulso entre el Barcelona y el meta relacionado con su baja por lesión en agosto; continuó con su cesión, en enero, al Girona; se prolongó su dolencia en los isquiotibiales y su paso, de nuevo, por el quirófano; y ha concluido con un palmarés que contempla dos títulos con el Barça, un borrón con el descenso del bloque de Montilivi y su ausencia en el Mundial con Alemania. Los próximos meses, además, tampoco se presumen fáciles. 

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