A veces un fichaje lo cambia todo. No solo la carrera de un ciclista, también la historia de un equipo, el equilibrio del pelotón e incluso el mapa del ciclismo de un país. Así ocurrió con Santi Blanco, que a finales de los noventa se convirtió, sin pretenderlo, en el epicentro de un terremoto que enfrentó a dos gigantes: Banesto y el recién nacido Vitalicio Seguros.

