«Hemos fallado», decían desde el box de la Scuderia Ferrari mientras el homenaje a su mito Michael Schumacher se apagaba y los elogios iban para el italiano que los de Maranello, o Arrivabene más bien, no quisieron. La victoria de Kimi Antonelli en Monza se anteponía al bajón de la escudería más laureada con Fred Vasseur, su jefe, pidiendo perdón prácticamente.

