En el parque de los Bastiones de Ginebra, los tableros de ajedrez gigantes enlosados al suelo están rodeados de avispados jugadores locales que trituran en pocos movimientos a los osados turistas que se atreven a arrastrar las pesadas piezas. A unos 200 metros, en la orilla de un recodo del Ródano, la selección española ocupa en calma chicha el lujoso hotel Mandarín. Los empates ante Portugal (1-1) y la República Checa (2-2) han convertido el duelo de este jueves ante Suiza (20.45, TVE1) en trascendental para mantener las posibilidades de alcanzar el primer puesto del grupo que da acceso a la final a cuatro.

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