A lomos del talento y la productividad de Mason Mount, el Chelsea hace la goma para mantener sus ilusiones de asaltar al menos la cuarta plaza de la Premier League y garantizarse una plaza en la próxima Liga de Campeones, en la que sólo faltó en dos ediciones desde que en 2003 Roman Abramóvich se hizo con el control del club. Ahora, con el norteamericano Todd Boehly a los mandos acomete un proceso de transición que en lo futbolístico tiene costes: el equipo es octavo en la clasificación y antes del partido de esta jornada contra el Bournemouth estaba a nueve puntos del Tottenham, el cuarto clasificado que apenas sumó un empate en el Boxing Day. El triunfo y el recorte de distancias hasta los seis puntos (2-0) es un bálsamo para un equipo con problemas en todas sus líneas, pero sobre todo en ataque, donde busca refuerzos.

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