Hace diez años, <strong>el Tata Martino </strong>se sentó en el banquillo del Barcelona. En la quinta jornada liguera se enfrentaba al Rayo Vallecano. Los cuatro partidos anteriores los había ganado. Al igual que la Supercopa frente al Atlético de Madrid. En Vallecas su equipo se impuso por un rotundo 0-4. Salió feliz el Tata del terreno de juego. <strong>Su sorpresa llegó en la sala de prensa</strong> cuando le empezaron a recriminar que el Rayo, a pesar de la contundente derrota, había tenido más posesión que su equipo. El Tata no entendía nada. Ahí empezó a darse cuenta que no iba a tener mucho recorrido en ese banquillo.

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