Menudo pie le lleva por el tartán a Marcell Jacobs, y los gemelos de su pierna izquierda con esparadrapos de su bandera, la italiana, tiras blancas, verdes, rojo sandía, qué tobillos, que forma de correr, pasos de saltador de longitud que fue, la del campeón olímpico que después de una primavera triunfal, campeón del mundo de los 60m en el indoor de Belgrado, pasa un verano horroroso, un isquio que cruje, unas piernas que duelen, pero en agosto mediado, a orillas del Isar que se resiste a la sequía y al calor, resucita para ganar el campeonato de Europa. Son dos carreras en un estadio abarrotado y loco por la gesta en el decatlón del compatriota Niklas Kaul, 24 años, 8.545 puntos, 76 metros en la jabalina, 4m 10s en los 1.500m y una victoria inesperada al final sobre el suizo Simon Ehammer (8.468), el prodigio de la longitud que se niega a dejar el decatlón.

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