En el ‘engendro’ que terminó siendo el proyecto de la Superliga lo que más chirriaba (obviando aquella histórica presentación mediática) era la idea de acabar con la meritocracia. Los grandes la jugaban por ser grandes y las historias de David y Goliat se convertían en algo impensable. El fútbol, como el deporte en general, va de gestas, de imposibles, de sueños, de vencer cuando nadie cree en ello, de superhéroes.

