El Bernabéu se marchó preocupado. Porque el resultado dijo una cosa y el partido contó otra muy distinta. El equipo italiano fue superior en casi todo: tuvo más balón, dio más pases, generó más ocasiones y manejó durante muchos minutos el ritmo del encuentro. Ganó casi todas las estadísticas. Todas menos la única que realmente importa, la de los goles. Y ahí el Madrid volvió a agarrarse a esa capacidad casi inexplicable para sobrevivir cuando peor pinta tiene la noche.

