Un día Hugo Sánchez marcó un gol y ejecutó su habitual cabriola para festejarlo. Un problema impidió a un fotógrafo que le seguía habitualmente captar esa imagen. En el descanso, con su cámara, se acercó al delantero en el césped y le contó su contratiempo. El mexicano, un visionario del marketing, brincó de nuevo con su voltereta para que el fotógrafo contara con ese documento.

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