El calor extremo (38 grados a las tres de la tarde) marcó el desarrollo del partido. Obligó a hacer constantes parones para que los futbolistas se refrescaran o mejor dicho para que respiraran, o que los suplentes del Bayern estuvieran en el vestuario hasta bien entrada la primera mitad o que cualquier parón para atender a un rival o amigo fuera celebrado por el resto. Hasta en siete ocasiones buscaron el refugio de la atención médica. Es inhumano jugar en estas condiciones y lo pagó el fútbol de los dos equipos, con un ritmo lento y parsimonioso.  Luego, el partido, volvió a demostrar que el jugar bien y el dominio, acerca, pero no es un método infalible, tal y como quedó demostrado en la chicharrera de Charlotte. Setenta y dos por ciento de posesión no valieron para que el Bayern ganara.

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