El mismo jueves por la mañana diserté en la <strong>Universidad Camilo José Cela</strong> sobre los recelos que, cada vez más, me surgen cuando escucho hablar de los valores en el deporte. Se dan por hechos, como si emanaran milagrosamente estos valores, y jamás se cuestionan. Y creo que no es tanto así. El deporte tiene sus miserias y sus atributos poco ejemplarizantes, que se pusieron de manifiesto abruptamente con la salvaje pelea entre los jugadores del <strong>Real Madrid y del Partizán</strong>. Un bochornoso espectáculo que supone un negrísimo borrón en la historia del conjunto blanco, con la llave de judo de <strong>Yabusele</strong> como epítome de la brutalidad.

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