Al líder de la Liga y finalista de Copa, le conmueve la Champions. Aunque se sabe de la dificultad del torneo, el deseo de conquista moviliza al barcelonismo diez años después del triunfo en Berlín. Al ataque y a la contra, a balón parado o en carrera, vertical o asociativo, el equipo compite con una fe y una madurez desacostumbradas, como si en cada partido necesitara reivindicar su candidatura después de una década de disgustos, muy superior de momento también al último finalista: el Borussia Dortmund. El 4-0 de la ida parece la mejor garantía para viajar al muro del Signal Iduna Park y alcanzar unas semifinales esquivas desde 2019 en Anfield.

