El día que se conoció que <strong>Robert Lewandowski</strong> tendría que cumplir tres partidos de sanción por su expulsión y posterior gesto en <strong>El Sadar</strong>, un nubarrón se cirnió sobre el barcelonismo. Existía la sensación de que sin el polaco todo iba a ser mucho más difícil. Al fin y al cabo era y es el máximo goleador del equipo, el gran desatascador de partidos.

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